Miércoles, 18 Enero 2017 03:29

Músico escribió en San Gregorio el tema “Tacuarembó” para su disco solista

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El nombre podrá anticipar cierto encierro, cierto lugar pequeño y de límites sofocantes, pero la realidad es que Encrucijado es más bien un disco de carretera: un disco que evoca un viaje en el que pasan muchas cosas, emociones y paisajes, y que atraviesa la noche para llegar a la luz. Es un disco, además, que necesita que se le dedique cierto tiempo: no soy la primera que se lo dice a Yamandú Gallo, que está más que conforme con este trabajo solista, el tercero suyo.

 

"Es cierto lo del viaje", dice el además frontman de la banda de rock Rouge. "Arrancás, hay un desarrollo, hay un momento de bajón y de reflexión, y al final viene ese momento en el que llegás a tu destino, a donde vas. Porque de algún modo todos vamos buscando un momento mejor en la vida", comenta.

Ese lugar mejor es el que le está tocando vivir ahora, un lugar emocional en el que está disfrutando del disco como objeto, sin la urgencia de salir a tocarlo. Esa parte vendrá en algún momento de este año, aunque todavía tiene algunas cuestiones para resolver en la previa.

Y es que Encrucijado lo grabó con dos amigos suyos, Martín Buscaglia (que además ofició de productor) y Diego Bartaburu, baterista de No Te Va Gustar. Son dos hombres con agendas siempre cargadas, así que antes de pensar en los escenarios Gallo tendrá que ver cómo y en qué momentos se las arreglará. Ya habrá tiempo para eso.

-¿Con qué intención partiste para hacer Encrucijado?

-Con la intención de grabar esas canciones, de trabajar con músicos que no había trabajado, de bajar a tierra eso que tenía en la mente, en un formato de guitarra y letra nomás. Pero quería llegar a hacer un disco.

-¿Y el proceso a dónde te llevó? Porque el disco tiene una sonoridad muy específica.

-Sí. Yo le mostré unos bocetos a Martín, que siempre estábamos dándonos manija para hacer algo juntos. Yo tenía más o menos claro que quería que el disco fuera así cómo es, y pude concretar la idea porque muchos de los instrumentos que están ahí son muy antiguos, y son de Martín. Nos entendimos rápido.

-Cuando empezás ese camino, ¿sentís la necesidad de desmarcarte de Rouge con ciertas cosas puntuales?

-Yo creo que cuando hacés un disco aprendés dos cosas: lo que tenés que hacer y lo que no. En realidad, tenía más claro lo que no quería hacer que lo que quería, y en eso confié mucho en Martín. A mucha gente le puede parecer que somos dos músicos totalmente distintos, que de hecho lo somos, pero estamos hablando el mismo lenguaje.

-¿Con qué paisaje emparentás a Encrucijado?

-La canción "Tacuarembó" la escribí en San Gregorio de Polanco, que me pareció un pueblito bastante bucólico al que nunca había ido. Pero en general lo vinculo más a las sierras, aunque yo soy de ciudad y no me voy a hacer el paisano. Me gusta la ciudad, el carácter que tiene.

-Las canciones de este disco no tienen mucho que ver con tu banda, pero "La balada del Chico Momia", que es de Rouge, sí podría pertenecer acá.

- Tranquilamente (se ríe). Trabajando en banda hay facetas de todos que aparecen, porque esa es la gracia más allá de que hay un lineamiento. Esta es bien esa parte de "Chico Momia", poner en un disco solo canciones de ese tipo. Por eso también quería hacer el disco solo, para que se flechara para el lado que saliera y no tener que negociar y hacer concesiones.

-¿Eso fue lo que inicialmente te llevó a empezar a grabar discos como solista?

-Me parece que la ansiedad, el ser inquieto, porque los tiempos de las bandas son diferentes y representan a todos. Yo hice Invierno en 2005, más casual y experimental. Después de eso ya fue bastante más a propósito, y salió Después del invierno. Pero tiene que ver con eso, con no esperar a que se alineen cuatro personas y estén de acuerdo.

 

Fuente: El País/ Belén Fourmenti

 

 

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