Viernes, 26 Agosto 2016 04:38

A 22 años de la Masacre del Filtro

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Se cumplieron  22 años de los sucesos del Hospital Filtro, cuando la Policía reprimió a miles de personas y dio muerte a Fernando Morroni, único manifestante fallecido luego de la dictadura.

El 24 de agosto de 1994, miles de personas se congregaron frente al Hospital Filtro. Allí, tres ciudadanos vascos -Jesús María Goitia, Mikel Ibáñez y Luis Lizarride- pertenecientes a la Euskadi Ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad -ETA-) estaban llevando a cabo una huelga de hambre, solicitando que Uruguay les concediera el asilo que evitaría la extradición a España.

Buena parte del pueblo uruguayo se sintió plenamente identificado con esa reivindicación, independientemente de que compartiera o no el accionar de ETA. Uruguay, decían, siempre fue tierra de asilo, recordando una y otra vez que José Batlle y Ordoñez había ordenado que a todo deportado argentino se le debía permitir quedarse en suelo uruguayo si así lo quería.

Trece vascos habían sido detenidos en 1992. Portaban documentos falsos, pero fuera de esa irregularidad llevaban una vida púbica abierta, al punto que regenteaban un restaurant (“La Trainera”), al que solían concurrir connotados personajes políticos que cuesta pensar que no tuvieran conocimiento de su situación irregular. Apenas conocida la detención, el gobierno español pidió la extradición de ocho de ellos. La Justicia uruguaya autorizó la extradición de Goitia, Ibáñez y Lizarride.

En 1993, inician una huelga de hambre, la que es levantada cuando Uruguay les promete una libertad que nunca se lleva a cabo. Al año siguiente, vuelven a declarar otra huelga. Cuando llevaban nueve días sin consumir alimentos, anunciaron que dejarían de tomar líquidos.

El 19 de agosto de 1994, son trasladados de Cárcel Central al Hospital Filtro. La prensa internacional se apostó en Uruguay y el gobierno, liderado por Luis Lacalle Herrera, quería evitar el costo político que a esa altura ya se estaba pagando. Estaba dispuesto a seguir adelante con la extradición, que sabía los llevaría a la tortura. Pero no se podía permitir que un vasco se muriera en suelo oriental sin atención sanitaria.

Apenas conocida la noticia de la inminencia de la extradición, miles de manifestantes se aglomeran en torno al Hospital Filtro. La presencia de figuras de la política (por ejemplo, la Mesa Política del FA) daba a la concentración un carácter de causa nacional. En horas de la tarde, y sin previo aviso, cae sobre ellos una represión desmesurada, instrumentada por el entonces ministro de Interior, Ángel Gianola.Los heridos (tanto de bala, como por golpes con objetos contundentes), sumaron más de un centenar.

Uno de los agredidos, el joven Fernando Morroni murió a consecuencia de un tiro de escopeta disparado a boca de jarro y a pocas cuadras de allí, era ultimado a puñaladas, en oscuras circunstancias, Roberto Facal, que formaba parte de los manifestantes y fue asesinado ante su domicilio, aunque la autoría del hecho, pese a las conjeturas, nunca fue verificada.

Los hechos políticos que posteriormente se sucedieron, demostraron la connivencia entre el gobierno español y el uruguayo (al que se había acordado enviar pertrechos y vehículos policiales). Al día siguiente, fue clausurada CX 44, Radio Panamericana -que cubría los hechos- y poco después se filtraba una grabación, obtenida en el cuartel de Coraceros de la calle José Pedro Varela, en la que el ministro Gianola en persona anunciaba la presentación en sociedad de la nueva fuerza de choque, es decir, preanunciaba lo que se llamó “la Masacre de Jacinto Vera”.

Pocas veces en la historia se desplegó tal saña represiva contra una manifestación de masas y -justo es decirlo- pocas veces los manifestantes exhibieron tanto nivel de combatividad contra una fuerza armada notoriamente superior.

El olvido no pudo con la memoria de Morroni y el resto de las víctimas de esa jornada y en el día de hoy, Norma Morroni, encabezará la noche del recuerdo de ese crimen. Correspondería a análisis de otro orden, comprender por qué un hecho de esas proporciones no tiene hoy la repercusión que debería tener. Es que a partir de allí sucedieron muchas cosas. La más sobresaliente la impunidad, la omnipresente impunidad.

La Masacre del Filtro, cargada de represión y muerte fue, para muchos, lo que unió a las generaciones que la dictadura se había empeñado en separar.

 

Fuente: Isabel Prieto Fernández/Caras y Caretas

 

 

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