Martes, 24 Octubre 2017 03:17

Un recuerdo en el Día del periodista: Tres de dos

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En el Día del periodista homenajeamos a todos aquellos que ejercen o ejercieron la profesión, fundamentalmente aquellos que tuvimos oportunidad de trabajar en diarios, en redacciones donde se vivieron historias que hoy son parte del anecdotario.

Quisimos compartir este texto de nuestro colega Roger Rodríguez, con quien compartimos varios años la redacción de un matutino de alcance nacional, y quien me preguntaba cada tanto “canario, como está el pueblo? Porque sus hijos frecuentemente venían a visitar a su hermana, la tía Isabella que vivía en San Gregorio. Una historia que llegamos a vivir cuando las computadoras aún formaban parte de una futura tecnología. Otros tiempos pero la pena recordar…

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“La búsqueda de una métrica en la titulación fue uno de los históricos desafíos de los periodistas y editores de los diarios hasta que, entrados los años noventa, los dueños de los medios fueron convencidos de que en tiempos de revolución tecnológica la prensa escrita solo podría sobrevivir a través de un llamativo diseño y ya no importarían los contenidos... A los periodistas se les ordenó la cantidad de caracteres que debían escribir y, con la pérdida de su libertad literaria, el apasionado juego de las titulaciones dejó de ser una diversión para convertirse en obligación.

A mediados de los setenta, el diario El Día pasó a suplantar las linotipos de plomo fundido y las galeras de líneas de níquel en ramas prensadas, por las máquinas tipiadoras (tipo télex) que desde una gigantesca “computadora”, en un cuarto aclimatado, escupían cintas de papel para armado en frío, que fotografiado en un negativo generaba chapas de metal a las que debieron adaptarse los viejos muelles de las rotativas offset. Solo quienes pudimos vivir esa transición entendemos cuánto se perdió con aquel progreso tecnológico...

Pero por entonces, el juego de la titulación todavía seguía siendo un duelo entre periodistas con el arbitraje de los Jefes de Sección y los Secretarios de Redacción. Que el diagramador pidiera: “Dame tres de 14”, quería decir que se debía escribir tres renglones de catorce caracteres sumando los espacios en blanco. Tres de 14, dos de 24, o una de 32, era el equivalente a titular a una, dos o tres columnas; y lograr que cada línea contara exactamente con el número de espacios solicitado era una demostración de talento y profesionalidad.

Algunos títulos fueron famosos. Por ejemplo, El Diario de la noche -que editaba el diario La Mañana-, titulaba sobre temas policiales, en diapo (letras blancas sobre fondo negro) y con tipografía de catástrofe. Los periodistas (que nos conocíamos de boliches en que intercambiábamos información y compartíamos vida) sabíamos leer al autor de un título aun cuando fuera “de la competencia”.

Hubo uno que siempre recuerdo: “Él le colocó la soga, /ella pateó el banquito”, una perfecta descripción de una “trilogía” que entonces se le adjudicó a Romerito, recordado Secretario de Redacción del vespertino.

Otro clásico era llegar a una titulación con el menor número posible de letras (por entonces los tipos no podían ni ensancharse ni estirarse como permite hoy la computadora) que equivalía a poder utilizar un cuerpo de mayor tamaño.

Hay dos versiones para el título de menos caracteres realizado en tres líneas de tres letras: “Hoy /hay / pan” y “Hoy /hay / box”. Los veteranos se peleaban en las redacciones o los mostradores adjudicando la autoría de ambos y si uno fue durante una veda o una huelga y el otro cuando peleó fulano o mengano contra zutano o perengano...

Aquella tardecita de un domingo de 1981 la redacción de El Día estaba copada por los periodistas de Deportes que escribían para el diario del lunes y para la Revista Deportiva en huecograbado a dos tintas que en aquellos días editaba el diario.

La música de las teclas de aquellas viejas Underwood que se sacaban del vientre de los escritorios, el coro de voces que se fundían en un bullicio melódico, el disparo del tubo de aire comprimido con el que se lanzaban las cuartillas de papel enrolladas para la corrección, eran un concierto que alegraba el alma...

Siempre se produce una pausa cuando las palabras van a generar la anécdota. Eso fue lo que ocurrió con aquel rítmico caos de la redacción. “¡Pibe... Dame un suelto con tres de tres!”, gritó el diagramador en jefe. “¡Tengo tres de dos!”, contestó el botija.

Entonces sí se produjo un silencio y todas las miradas se concentraron en aquella mesa. Todos congelados, paralizados. Solo aquel joven caminaba hacia la mesa con una cuartilla en la mano. La entregó al jefe y esperó la aprobación. “Sí... tres de dos”, dijo en voz baja y luego, levantando la cuartilla, gritó: “¡Tres de dos!”.

Toda la redacción se abalanzó sobre la mesa de diseño para ver la curiosidad que podía generar historia. Era un suelto de agencia de noticias, apenas un párrafo que informaba del retiro definitivo del fútbol del jugador Francisco Pedro Manuel Sá, campeón con Independiente y Boca Juniors, seleccionado argentino, quien ese año había cerrado su carrera en Gimnasia y Esgrima de Jujuy.

La hoja, ya arrugada por el manoseo de tantas manos, decía: TITULO: “Se / va / Sá”... Dicen que alguna vez hubo otro título de tres de dos y hasta uno de tres de uno (“X o Y”, al que le sacaron los signos de interrogación), pero en aquella redacción (que aún puedo escuchar pese al actual ruido de slots y ruletas), aquel título fue el más corto.

 

Fuente: Roger Rodríguez

Visto 126 veces Modificado por última vez en Jueves, 26 Octubre 2017 03:22

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